lunes, 30 de noviembre de 2009

El gatito triste.


(La intriga por la intriga)
Esta es la funesta y trágica historia del gato Gerineldo Eustaquio de la Fuente. Gerineldo Eustaquio de la Fuente como la mayoría de los gatos era un gato de pueblo, de granja y de cojín mullido en su rincón. Pasaba sus días sin pena ni gloria, sin preocupación y dedicado lo mas de sus horas al ocio y al descanso; según las reglas del manual del perfecto gatuno. Todo el castillo de arena de su tranquilidad se quebró el día en que su dueño decidió no darle de comer.
Gerineldo, una vez se encontrara el plato vacío, se llevó la pata a la cabeza y pensó “¡Será un olvido tonto! Mañana me dará un buen cuenco de leche.” Ese mañana tan esperado, y aunque no lo hubiese sido, llegó. Tampoco esa jornada su honorable señor decidió darle de comer.
Como la cosa ya resultaba estresante el bueno de Eustaquio se tumbó en su rinconcito y comenzó a cavilar:
“ Este desgracio, no me da mas que usura... ¿Por qué no me dará comida? ... ¡Ahhh! seguro que como últimamente no cazo ratones este panoli se cree que es por pereza. Lo que sucede es que no tiene ni idea de que hay epidemia de ratones y con epidemia de ratones no se caza ni poniéndole velas a San Expedito...”
Se mesó los bigotes con sus zarpas y continuo pensando... “Para arreglarlo se me ocurre una idea... Voy a ponerme a currar... Iré a las granjas vecinas; a todas, y si algún ratón queda libre de enfermedad no quedará libre de mis uñas.”
Al día siguiente Gerineldo se levanto temprano y caza que te caza, zarpazo aquí, carrera allá y mordiscos por todos los lados, consiguió coger cinco hermosos ratones, que colocó en círculo alrededor del lugar en que debía darle de comer. Así llegaran las 3 en punto, su amo miro el plato rodeado de las mortecinas presas y tampoco le dio manducatoria.
Entonces, Gerineldo Eustaquio de la Fuente furioso se tumbo en su cojín, se volvió a llevar las zarpas a la cabeza y apoyó esta en el suelo con resignación.
Se sentía escuálido y cabreado. “ Yo acongojo – se decía – Que leches le he hecho yo a este. Si cazo porque cazo y si no cazo porque no cazo, pero lo cierto es que no como... A ver... A ver... A lo mejor esta enfadado conmigo porque no me lavo. Seguro que ya me canta el ala ¡Como actualmente voy como un cerdo! Concluyendo, que me toca un lavado porque sino me van a rugir las tripas”.
Cuando amanecía, tempranito, se acercó al río, primero se mojó las patas, después el pecho peludo y sedoso y finalmente el lomo y la cabeza de Budrull. Parecía la patena vestida de blanco, hermoso y limpio.
Cuando iban a ser las tres de la tarde pavoneándose, testa erguida y caminar firme de modelo top, se meneo y contorneo delante de su dueño pero... tampoco le dio de comer. Gerineldo irritado y apesadumbrado continuó haciendo cábalas “Será hijo de su madre, me cago en sus muelas, si cazo porque cazo, si no cazo porque no cazo, si me lavo porque me lavo y sino porque atufo, pero lo resolutivo es que no papeo... A ver ... A ver... Lo mismo sigue sin darme de zampar porque como paso todo el día molestando a las gallinas este puede pensarse que a lo mejor ponen menos huevos por tanto como las torturo y mareo. Ya sé, ya sé, ¡Ajajá! Marramiáu que dirían. Voy a hablar con las señoras gallinas...”
Decidido a cambiar el curso de los acontecimientos reunió en asamblea constituida a todo el gallinero.
- Gallinas.
(Todas murmuraron y le miraron fijamente)
- Porque mi futuro es vuestro futuro, porque sin gatos no hubiera gallinas, antes que dueños desagradecidos...
Tales fueron las arengas y también formuladas que logró convencerlas para su propósito.
A la jornada siguiente, el gato Gerineldo Eustaquio de la Fuente, antes de que se abriera el corral por la mañana, aguardo la llegada del granjero egoísta para abrir. Una vez que abrió la puerta y comenzaron a salir una a una las gallinas, levantando la garra les hizo un saludo militar y estas se juntaron en perfecta formación de A-4.
Después ¡Are! ¡Ohp! ¡Are! ¡Ohp! y todas empezaron a desfilar marcialmente en perfecto orden y con concierto. Sin embargo aquello tampoco conmovió al cruel hombre despótico que nuevamente no dejó ni una miga para su gato.
Aquí termina la funesta y trágica historia del triste Gerineldo Eustaquio de la Fuente que se fue de su hogar porque no le daban de comer. Dicen que hoy es vagabundo y desde el día que se marchó le inunda una gran tristeza, además de un hambre devastadora.
Por si alguien quisiera saber cual era la razón por la que su dueño no le daba de comer, diré:

“ ... Todo cuentacuentos
que un segundo cuento
quiera volver a contar,
se reserva para esa ocasión
del último cuento el final...”

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