domingo, 21 de agosto de 2011

El odio cómplice del bien.


Sois desierto estéril (Cactus, cardos, arena). El sol os agosta y no os deja florecer, las espinas son supervivencias forzosas, fracasos y dudas temibles. ¿En qué lugar tenéis escondidos los escorpiones? ¡ Qué tensión me da veros, siempre con los ojos abiertos, separados los unos de los otros, murmurando lo podrido del agua y alabando la sequía de vuestras jornadas!
Nunca os habéis entregado a nadie, porque lo esencial es guardar. Guardar la poca fuerza que os da la vida, arroyo de lágrimas que no riegan ni bendicen.
Hoy que os veo tan solos, os lo voy a revelar… Detrás de las montañas hay un oasis que es próspero gracias a vuestra tacañería y sin habéroslo propuesto, sostenéis las flores, las cascadas y los árboles fecundos, porque vuestras raíces sujetan la tierra, la van apretando poco a poco; preparándola para la tormenta que ha de llegar, la que os arrancará de cuajo y os tenderá en el suelo, para que seais abono del amor mas grande y extendáis las fronteras de la vida, mas allá. Gracias por hacerlo. 


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