martes, 24 de marzo de 2015

Pintor de lo invisible.


La pequeña libreta que llevaba en el bolsillo de su pantalón estaba llena de dibujos. Juan pintaba cosas invisibles; la sensación que deja un beso, un perfume, el silencio tras una bofetada y la forma oculta de las ventosidades.
-¡Increíble! - Decía la gente al ver las ilustraciones - Armonía tras beso, olor a lavanda, tsunami post-tortazo y pedo vomitivo. 
Nadie erraba los títulos, haciendo coherente lo invisible. No es que Juanito fuera buen pintor. Ayudaba a sus aciertos, que a escondidas, le echaba LSD al té de las visitas. Tres gotitas justo veinte minutos antes de enseñar su libreta.



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