sábado, 4 de mayo de 2019

Asi fue.


Levantaron un muro de olvido
como un ovillo de ideas rotas
y escondieron los huesos desgastados
más allá de las caricias y los perros…
Mas allá. Mucho más allá;
y sin embargo tu sonrisa andaluza
es un crepúsculo que no se apaga.


Textura de nube en granos de tierra,
tu voz recorre de nuevo la huerta
y moja fértilmente los páramos y las sierras.
¿Federico de lunas llenas y manos de mariposa,
dónde te llevaron, que le faltan al piano las teclas
y llora por España entera, en ramos,
la petenera en la voz de los gitanos?


Odio de pies de barro y balas de espino te arañan.
Cuchillos de vergüenza clavan la niebla.
Confusión de mi boca que quiere besarte
y no encuentra tu bendita calavera.
Quise coger la pala y no pude con ella.
Quise echarte a la espalda y me dio miedo.
Estaba la pradera llena de gotas de rocío
y los niños jugaban sobre la hierba
con globos dorados y marionetas de lana.
Si me hubiera puesto a cavar, se asustarían.
Esa niña de vestido rojo y mirada transparente,
desconoce en su inocencia lo que el odio
hizo cruel con la belleza de tus sienes.
¿Cómo puede explicarse la profanación
de una flor sin asustar al colibrí?


Federico, me oyes, sientes como te amo.
Mi alma es un galapagito huérfano
que con sus patitas se entierra asustado,
así hecho tortuga invernaré junto a tus huesos.
Lloraré sin que me oigan los pequeños.
Lloraré tu pena que es la mía. Muy calmo.
Lloraré como riega la truena los campos.
Seré una paz dolorosa de amor quebrado.


Tal vez tu osario sea una semilla de olivo,
que al calor de mis lágrimas nubladas
y al recuerdo de tu risa de violín,
firme aliente un fulgor poderoso.
¡Correrá por el planeta como un suspiro
despertando a los envanecidos!:
"¡Aún vive Federico! ¡Está vivo Federico!"


Lo que ayer fueron sonetos de amor oscuro,
hoy son estrellas de amor diverso.
Lo que fue un zarpazo de la ignorancia,
ahora es una caricia de campanas.
¡Ay campanario de cigüeñas enamoradas
que chasqueáis los picos como crótalos,
que cantáis al horizonte, y repicáis su nombre!
La abundancia regresa con su fantasía
y una marea de peces multicolores
hace su cardumen en los campos de trigo.


Levantaron un muro de olvido
como un ovillo de ideas rotas
y escondieron los huesos desgastados
más allá de las caricias y los perros... 
Mas allá. Mucho más allá; y sin embargo su sonrisa andaluza
es un crepúsculo que no se apaga.

Nadie puede vestirse de dueño-sangre
y cambiar el destino de los hombres de carne y hueso.
Y sin embargo Federico, yo lo intento.
Es doloroso mi fracaso al tratar de acercarte
al mundo de los vivos de nuevo.

Tronchadas médulas, cartílagos arenosos. 
Bajo la cabeza y murmuro: "Así fue. Así fue. Yo no puedo."
Pero no todo es fracaso en esta vida,
diván misterioso de tamarindo
en el que los poetas contemplan,
porque si bien nunca volveremos
a abrazar tu bondadosa pechera,
aprenderemos la lección desde tus tibias
y tus versos serán renovadas carabelas.
Barcos con los que poder abrazar y servir
como una estrella púrpura en un cielo dorado,
como una amapola a los pies de un semáforo.
Lorca, corazón de puente entre Granada y Nueva York,
aurora de farolillos verdes, barquito de lunares que cruzas
la mar plateada del Parnaso, las dos Españas quieren ser una,
pero no encuentran tus brazos. Y te pido perdón, tanto
me dueles, que noto tu sangre entre mis dedos.
Y nadie parece pedirte perdón, y yo... ¡Cuánto lo siento!

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