lunes, 29 de marzo de 2010

Amor de infantería

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A los pocos años de edad, no puedo precisarlos, tal vez 11, estaba enamorado y no era un secreto, lo sabía todo el mundo menos ella, la hermosa y amada; que vivía en una nube era evidente, siempre con cara de azucarillo, con ojitos pastosos y con un ademán en los resoplidos que era de tierno espanto, pero lo que no sabía nadie era lo tímido que era Juanín, los miedos que me asaltaban de recibir mi primera calabaza y sobre todo, la soledad tan mayúscula que sentía.

Como no veía solución al asunto de mi primer amor, como el tiempo pasaba sin que ella se diese por aludida y como todo el mundo ya se daba por enterado, este Don Juan asustado, acudió a la búsqueda de su víctima. Apenas salíamos al recreo, cuando con cara de tomate, sudoroso y con una tiritera de 10 por 8 tocaba en el hombro de una chiquilla, que con aire despreocupado bromeaba con el resto del grupo escolar. El patio era breve, rectangular, con piso empedrado y un castaño en la esquina, junto a la cancilla de salida.

-¿Qué quieres Juanín?- dijo ella.

- Yo... Yo...

- Arranca hijo.

- ... Sal conmigo...

La chicuela se sonrió, me miro con la mirada de quien tiene la sartén por el mango y preguntó “¿Me quieres?”

- Si...Jolín. Te quiero de una forma muy grande.

-¿Cómo de grande?

- Como las blancas nubes del cielo azul- murmuré.

- ¡AaaH! Entonces te tengo que decir que no, porque las nubes crecen y crecen, y cuanto mas crecen, se vuelven mas negras, enfadadas y lluviosas, así que tú te volverás negro, y tormentoso, y acabarás estirándome las coletas. No... No... No y no.

“¡Qué fastidio!” Pensé para mis adentros, pues si que acababa de forma nublada toda mi fantasía.

En días sucesivos trataría de hablar, pero todo lo que le dijera sería mal interpretado por ella y de ese modo no había forma de poder llegar a ser novios.

- Soledad.

- ¿Qué Juanín?

- Que yo te quiero mucho.

- ¿Cuánto?- desafió la niña

- ¡Ostris! Lo que te quiero es tanto, tanto que no se puede contar. Mucho más que la bola infinita.

- Entonces no salgo contigo.

- ¿ Por qué? – bisbiseó Juan.

- Si tú me dices que lo que me quieres no tiene cantidad... número... es que tu cariño no es de este mundo, porque las cosas de este mundo se pueden contar. Yo no quiero ser novia de uno que no es de este mundo. Lo mismo eres un fantasmín - se carcajeó con ironía, mientras arrojaba la piedra al siete de un castro pintado de tiza.

- Pero...pero...

La situación era que todo se me volvía al revés ¡ Ay pobre enamorado! Y es que el amor acaba retorciéndose como un muelle caprichoso que se estira y afloja al contrario de las manos que lo mueven.

- Sole.

- ¿Qué?

- Yo te amo como ama el sol a la luna.

- ¡Castañas pilongas! Entonces no me quieres– dispuso segura – El sol casi nunca se preocupa de la luna. Él en el día y ella en la noche. Si la quisiera estaría con ella todo el tiempo.

- Pero... pero – me enfurecí clemente frotándome las manos heladas para entrarlas en calor- ¡Nanainas de la china! Lo mismo la luna es como tú, y cuando el sol la va a hablar, lo mismo le suelta, lo mismo ¡Eh! que la forma de querer está en el silencio y cuando la vaya... a abrazar... dirá ... que ... los que son novios no se abrazan ¡Releches!

- ¿ Cómo te pones hijín? Es que tú solo te quedas con lo primero que oyes... Las palabras se piensan majete.

Anduve cavilando muchos días. Pensaba lo que decirle, pero todo lo que pensase tendría pegas para ella. “ Si le digo frío me dirá calor, por eso tengo que hacer algo distinto...”

Como Soledad notaba mi pasividad de pretendiente, empezó a sentir por mi algo. No se puede decir que fuese amor, pero cuando menos era curiosidad.

- Hola Juanín.

- Hola Sole.

- ¡Qué! ¿Ya no me quieres?

- No.

- ¿ No me amas como el sol a la luna, de una forma que no tiene números y con un cariño tan blanco como las blancas nubes?

- No

Ella había sentido un vacío extraño y en ese momento notaría una soledad triste de princesina sin castillo. Tuvo ganas de abrazarme y cogerme de la mano, pero de besarle no sintió ganas, porque eso ¡Puag! Le daba asco. Aquello era cosa de los mayores.

- Juan, yo creo que me quieres mucho.

- Vas a tener razón – añadí – Te quiero mucho, pero no debo quedarme en las palabras primeras. Debo pensar ¡Monina! ¿Qué es mucho? Mucho es algo grande, lo grande grande es, pero como la grandeza que yo siento por ti no se puede medir, entonces no te quiero... o si te quiero, te quiero con un amor que no es de este mundo... Luego soy un fantasma.- me rasque la nuca de pelo moreno para apaciguar los nervios.

- ¿ Y si resultase- suspiró la mozita – que yo te quisiera igual de mucho y no pudiese medir lo que te quiero?

- Pensaría que tú también eres una fantasma, porque como tu amor no se puede contar y las cosas de este mundo son contables, pero... aún así no saldría contigo.

- ¿ Por qué? – Preguntó.

- Si es que no puedo quedarme con lo primero que oigo ¡Jopela! – pasaba un carro cargado de leña por la calle de enfrente del colegio, el burro me miraba resoplado vaho- Los fantasmas son almas en pena. Pueden querer a otros fantasmas sin número ni cantidad, pero están condenados a buscarse siglo tras siglo sin encontrarse nunca. Si nos quisiéramos sin número ni cantidad y fuésemos fantasmones, no podríamos vernos nunca. Así, sí sería tu novio, pero no podría volver a hablar contigo.

- Pero... pero – refunfuñó mi futura esposa.

- Ahora bien – continué, hombrecillo envalentonado – Tal vez el amor sea algo que no se pueda medir, ni siquiera con el metro de la Señorita Transito. Una de esas pocas cosas que en este mundo no tienen precio... son grandísimas para todos. Si fuese esto ¡Sería genial! Nos querríamos y no seríamos fantasmas en pena. Como no tendríamos que calcular lo que nos queremos porque es incalculable, nos quedaríamos con lo primero que oyésemos y no pensaríamos nada de nada ¡Majina! No miraríamos ni cuanto, ni como nos queremos, solo veríamos eso... que nos queremos... Y con eso punto y final.

Después se hizo un silencio hondo, como el de los pozos de los deseos que son ricos en monedas, y los dos nos miramos. Ella que tenía la sartén por el mango dijo “ ¿ Me das la mano?” Yo mas rojo que un tomate, sudoroso y con una temblequera de seismo me cogí de su suave mano.

Añadir que desde ese día somos novios felices, mucho antes de oficializarlo con nuestros padres, pero que tardamos años en darnos el primer beso, porque nos daba asco.


viernes, 26 de marzo de 2010

La nutria y la niña.

El hayedo con su arroyo. La nutria nada revoltosa. Un golpe de brisa mueve las hojas. Amanece otoño en la montaña. Amarillos, verdes viejos, rojos y marrones. ¡Silencio! ¡Qué gran silencio! 
Ruido de motor. Una pala arranca la tierra. Los animales se esconden asustados. Los lobos se meten en la lobera, el oso se cobija en el robledal, los corzos lloran en las escobas, Goriplás, la nutria, se zambulle en la poza y ninguno se atreve a respirar ¡Ruido! ¡Qué gran ruido! Los hombres piensan: Será solo un poquitín de tierra para la carretera.
Días después en el hayedo, el suelo de hojas secas, pájaros cantores, jabalís y comadrejas. Comienza a llover. Música de crujidos. Olor a tierra mojada. Algunos enamorados empapados se pasean. Goriplás, juega panza arriba con las gotas que salpica desde el río ¡Paz! ¡Que gran paz!
Los hombre se lanzan: Sólo será un poco de leña para las hogueras. Talan todo el bosque de servales, mientras los animales se aterran.Los hombres perseveran: Sólo será una cantera de piedra. Derriban la montaña entera. El oso huye a otros lugares.
Los hombres se olvidan del bosque: Sólo crearemos una fabrica nueva. Los pesticidas matan a los insectos. Los pájaros se mueren de hambre. El bosque se hace muy pequeño. Lo encierran casas, autopistas, tendidos de luz, minas y parques industriales. Humo negro cubre el cielo. Las nubes ya no mojan la tierra. Altos postes de la luz cruzan de peña a pena. Los animales se mueren de sed, se secan las fuentes y los arroyos. El río se llena de ponzoña. Goriplás se desespera. Los corzos y los lobos han de cruzar por el asfalto para tener oportunidades. Huyen con cuidado de no encontrarse ¡Crueldad! ¡Qué gran Crueldad!
La nutria está harta y no encuentra solución. Se esconde en su madriguera debajo del agua. Ya no se atreve a salir. Llego al bosquecín Aurora, una niña que sabía mirar y entender. Vio el rio sucio, el cielo gris, miles de árboles cortados, los pájaros hambrientos, la roca troceada y las mariposas perdidas, porque buscaban flores hermosas que ya no existían. ¡Esperanza! ¡Qué gran esperanza!
Aurora llamo a Goriplás, pero ella no se fiaba. Saludos por aquí, sonrisas por allá. La nutria escondida no quiere mirar. La niña no sabe que hacer para poderla socorrer. Aurora busca a los demás niños. Juntos suben al hayedo. Saludos por aquí, sonrisas por allá, una hermosa caricia para regalar. Nada de nada. La nutria escondida no quiere mirar.
¿No le gustarán los saludos, las sonrisas, ni los mimos? No. No es eso. Aurora lo descubre. Goriplás, la nutria se muere de pena y de hambre ¡Qué pueden hacer los niños del pueblo! Avisan a todos los niños del mundo, pueblo por pueblo. Deciden juntos salir a los bosques, a las selvas, a los desiertos, a la tundra, a la sabana y a los humedales. La niña Aurora dice muy alto:
- Niños del mundo cantad con ternura, dibujad cosas bonitas con los dedos en la tierra, sonreid al mundo y escribid hermosos poemas, que la Nutria Goriplás no quiere salir y se muere de pena.
Mágicamente, todos los niños cantan, cuentan, juegan, pintan y sonríen. Sus poemas hablan de la belleza de los animales, de la suerte de tener plantas para curar las enfermedades, de lo hermoso de las montañas nevadas, de la perfección de las aves volando en las lagunas, de la fuerza del oso y del misterio de los lobos. Todas las fábricas se paran, los coches se apagan y los mayores miran al cielo. Una nube blanca de canciones, cuentos y poemas llueve sobre la tierra. Es la nube que Aurora y los niños crearon con su bondad.
Llueven miles de palabras olvidadas: belleza, paisaje, prosperidad, alegría, frescura, trasparencia, fragancia, salvaje, libertad, espesura, respeto, vida, amor, naturaleza, tribu, brisa, viento, chapoteo, cascada…
Goriplás salió justo cuando en el río calló la palabra pureza. Sonrió a los niños, se dejó abrazar y avisó a los demás animales para que vinieran. Juntos formaron coro con los niños. Osos, lobos, leones, tigres, desmanes, somormujos, cigüenas, garzas, marsupiales, pumas, linces, ranas, hormigas, saltamontes, alimoches, ciervos, cuervos y millones de seres especiales. Gracias a sus canciones, cuentos y dibujos, miles de nubes recorrieron el planeta entero. Llovió días enteros. El planeta se detuvo feliz de tanta armonía. Los reyes, los políticos, los industriales, los campesinos, los ciudadanos y los indios se pusieron a aplaudir.
Los hombres piensan: ¡Ya era hora! Sólo será dejar de contaminar con abuso. Limpian juntos el planeta. Los hombres se lanzan: Con las palabras recuperadas nos uniremos. Sólo será cambiar la ciencia y olvidarnos del dinero. Respetaremos a los animales y los consideraremos hermanos. Los hombres perseveran: Con las canciones de Aurora sanaremos la tierra. Sólo será dejar los pesticidas, eliminar las basuras y reciclar lo que sobre. Reutilizando y pensando bien no le faltará nada a ninguno de los seres del planeta.
Ahora la nutria y la niña Aurora son amigas felices. Ya no se esconde en su madriguera acuática. El hayedo está en primavera. Las flores de los espinos albares blanquean el paisaje. Las mariposas se persiguen juguetonas. Canciones por aquí. Dibujos por allá. La naturaleza es una fortuna que debemos cuidar. 


                                  Colorín colorido este cuento está florido.