miércoles, 7 de julio de 2010

Huellas. Sólamente huellas.

El viento arrastraba las hojas amarillas. En el banco del paseo el poeta leía versos nostálgicos. Los niños jugaban con pompas de jabón . Unas huellas en el barro de la orilla del río alertan a la chavalería. ¿De quien serán? El poeta deja de leer y observa a tres rapaces.
Fijaos niños en el tamaño, forma y profundidad del paso, de ese modo podréis saber quien las ha dejado.
- Son de botas de pescador. – Afirma Miguel. – Son muy caladas.
- Son botas camperas - Explica Mari Luz.- Mira que hondos son los talones.
- Son pies descalzos– proclama Manuel.- La marca de los dedos aún se ve.

El poeta responde:


Las huellas del pescador, (hondas, inmoviles, lentas y fijadas por la espera y la paciencia), este tipo de caminantes, buscan sus objetivos, ponen sus anzuelos y en la tierra posan una cesta para recoger sus frutos. Los pasos camperos de la presunción (nerviosos), guardan la inquietud de ser encontrados, a pesar de que siempre escapan. Huyen, porque tienen muchas ganas de exhibirse, seguramente necesitan de los otros la medida de su valor. Por último, los rastros descalzos del amor, que están desnudos y tan pegados al barro, que dejan brasas de su calor. Niños, quien sigue esos pasos encuentra en la vida un maestro.

Al mirarse los cuatro soñaron con globos de colores que volaban y las nubes del cielo tomaron formas de pies.

2 comentarios:

  1. Y colorín colorado... decirte que este post me ha encantado.

    Como todo lo que estás haciendo, felicidades.

    Saludines, Irma.-

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  2. Hola Irma. Gracias por tus felicitaciones. Le pongo cariño a lo que hago. Abrazos.

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